Con el noveno principio daremos
una repasada a la historia de hechos económicos que nunca más deben repetirse y
es que al referirnos de este principio es importante hablar de la inflación,
cuyo fenómeno de desequilibrio entre los bienes y servicios que los habitantes
de un país desean comprar y lo que el país puede producir, se manifiesta en el
alza del valor de las mercancías, para desembocar en un proceso continuo y
progresivo de alteración de precios. Debido al cambio de valor de la moneda que
lo acompaña, se cree que la inflación es igual a la devaluación, pero no es así
ya que son fenómenos distintos.
Las principales causas de la inflación
son por el consumo exagerado de la población, sobre todo cuando ésta cambia de hábitos
de consumo y exige bienes que no hacen en el mercado y tampoco se producen el país,
esta clase de consumo motiva cambios de precios.
Cuando las empresas invierten
mayormente en bienes de poca salida o realizan gastos cuyas ganancias tendrán demora
en recuperarse, caso éste que trastoca la inversión en la producción y favorece
la inflación. También se da al realizar el
estado de gastos sin planificación, ni tener en cuenta la capacidad productiva
del país, caso muy frecuente en nuestro medio por el afán proselitista de los
miembros del partido gobernante, esta situación de un país sin rentas estatales,
favorece el proceso inflacionario.
Volviendo al detalle de la
historia durante el gobierno de Belaúnde dejó al país en una profunda crisis
económica. Las inversiones habían
caído de 21,2 % del Producto Bruto
Interno (PBI), en 1982 y un 12,2 % en el año de 1985. En 1982, la economía peruana
no creció y, en 1983, el crecimiento fue negativo: -12,2 %. Esto quiere decir:
Si, en 1980, el ingreso per cápita era de 1,232 dólares por peruano, en 1985
llegaba tan sólo a 1,050 dólares. El desastre económico del
gobierno de Belaúnde se debió, principalmente, a una caída de precios de productos que
Perú exportaba (cobre,
plata, plomo, café).
Desde 1982, el gobierno de Belaúnde se había sometido a un "programa de
ajuste" del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Según el FMI, el principal problema del Perú era el déficit fiscal.
El déficit se debía a que el Perú gastaba más en lo que importaba que lo que
ganaba con sus exportaciones. Para contrarrestar el déficit
fiscal, el FMI obligó al gobierno de Belaúnde a reducir el presupuesto del
Estado, a incrementar las tarifas públicas y a devaluar la moneda
nacional, el sol,
y como ya sabemos la devaluación frena
las importaciones:
Cuanto menos vale la moneda, más hay que gastar para importar un producto x.
Las medidas del FMI, llamadas ortodoxas, ocasionaron una fuerte recesión
(contracción de la demanda) que repercutió en el bolsillo de los ciudadanos. Ya
hemos visto que el ingreso per cápita cayó significativamente: 14,8 % para ser
exactos. El aumento de tarifas públicas e impuestos empobreció
aún más a los ciudadanos. Esto constituyó un círculo vicioso que terminó
empobreciendo también al Estado puesto que el ciudadano que es pobre consume
menos y cuanto menos consume, menos impuestos paga.
Aunque en 1985 el déficit del
sector público sólo había sido del 2,7 % del PBI, el nivel más bajo desde 1979,
en 1986 una vez más llegó al 5,1 %. Esto no se debió a un aumento del gasto.
El primer gran problema fue que a
pesar tener fama de ser una administración despilfarradora
y populista, el gasto total (corrientes e inversiones) del sector público cayó
del 49 % del PBI, en 1985, al 29 %, en 1986. Sin embargo, los ingresos corrientes
totales también cayeron, del 46 % del PBI, en 1985, hasta 33 %, en 1986. El segundo problema consistía en que, después
del gran crecimiento de 1986, la capacidad productiva de la modesta industria nacional
estaba llegando a sus límites.
Hacían falta inversiones para
instalar nuevas capacidades y así continuar con la reactivación. Para ello, era
necesario recurrir a inversiones y préstamos extranjeros. El tercer problema, era que
la balanza
comercial volvió a ser negativa hacia fines de 1986. Con la
reactivación económica y el alza de sueldos, el Perú volvió a incrementar
sus importaciones mientras
que las exportaciones seguían
siendo bajas. En diciembre de 1986, las reservas internacionales del Perú llegaban
a 870 millones dólares comparados con 1,400 millones en marzo del mismo año.
Esta falta de liquidez se debió, también, a que el Estado pagó
a sus deudores bastante más que ese 10 % que García había anunciado, con bombos
y platillos, el 28 de julio de 1985.
Finalmente, la poca confianza de
la ciudadanía en
el modelo económico
de García condujo a que, hacia fines de 1986, muchos cambiaron sus intis por
dólares temiendo - y, al mismo tiempo,
originando - una devaluación del
inti. El 28 de julio de 1985, Alan
García tuvo dos opciones: Continuar con el programa ortodoxo del FMI o
probar una receta distinta, heterodoxa. En vista de los serios problemas en
los últimos años, se esperaba un cambio de
curso y de hecho fue así. Pero éste terminó siendo muy radical. El programa heterodoxo era
fundamentalmente un programa estabilizador, que a su vez intenta una política económica
consistente para disminuir la inflación a cero con neutralidad distributiva. En
su discurso a
la nación,
García atacó al FMI. De ahora en adelante, anunció García, el pago de la deuda
externa se limitaría al valor equivalente
al 10 % de las exportaciones peruanas.
Alan García creía que la
inflación no se debía a una falta de oferta, sino más bien a que el Estado se
había visto obligado a subir el precio de bienes y servicios básicos
(en especial el de la gasolina) para pagar la deuda ya que: La existencia de un gran exceso
de capacidad instalada en la industria peruana era en sí indicativo de que la
demanda no era el problema. El Perú había sufrido en 1983 la peor recesión que
se recordara, pero la inflación, en vez de caer, se había acelerado
A través de la reactivación de la
economía nacional se esperaba salir de círculo vicioso heredado por Belaúnde y
entrar a un círculo virtuoso: A más crecimiento económico, más recaudaciones
tributarias. A más recaudaciones tributarias, más posibilidades de cubrir el
déficit fiscal.
Hoy en día gozamos con la inflación
dentro de los parámetros establecidos por el BCRP: 1,36 % en 2017, la más baja desde 2009, con una tasa
promedio mensual de 0,11 %, según informó el Instituto Nacional de
Estadística e Informática (INEI).
Eco. Dany Hoyos Pascual.













